El arte cisterciense
TEST: ¿Verdadero o falso?
A finales del siglo XI, Roberto De Molesmes (h.1029-1111), abad del monasterio sito en dicha localidad, quiso recuperar el espíritu original, austero y sencillo, de la orden benedictina, para lo cual se retiró junto con otros veintitrés monjes a Citeaux, cerca de Dijon, en Francia, donde fundó una abadía. Esta reforma, que surgió como reacción a la acumulación de riqueza y poder registrada en los monasterios cluniacenses, tuvo importantes consecuencias en el mundo del arte, especialmente en la arquitectura monástica.
La reforma cisterciense
En su afán por devolver la profundidad espiritual al monacato, Roberto de Molesmes renunció al contacto con el mundo y dictó unas normas muy concretas de austeridad, que debían regir la vida de los monjes y que se inspiraban en la más absoluta pobreza. Impuso la obligación del trabajo manual, fundamentalmente agrícola.
Tras la fundación, en 1098, de la abadía de Cîteaux, la orden cisterciense conoció su primera expansión entre los años 1113 y 1115, cuando se fundaron otros cuatro monasterios en Francia: Claraval, La Ferté, Pontigny y Morimond.Si Roberto de Molesmes fue el artífice de la reforma religiosa, Bernardo de Claraval (1090-1153) fue el reformador estético y a quien se debe principalmente el florecimiento del arte cisterciense. Durante los veinte años en que dirigió la orden se fundaron setenta y dos monasterios, todos ellos en lugares inhóspitos, en los valles menos fértiles, pero siempre en hermosos parajes y bajo la dependencia directa de la casa madre de Citeaux, con la que mantenían contacto.
San Bernardo impuso una vida sencilla dentro del monasterio. Todo en su interior era austeridad, desde los hábitos blancos y los crucifijos de madera pintada a los cálices sin labrar y los candelabros de hierro, pasando, por supuesto, por la sencillez de la liturgia.
La arquitectura
La arquitectura reflejaba también en sí misma esas normas de austera vida monacal. San Bernardo convirtió la iglesia en un simple oratorio, sin cripta, sin tribunas, sin torres. Prescindió incluso de las fachadas. Las paredes eran de piedra vista, o enlucidas en blanco, sin pinturas, sin vidrieras.Todo ello contrastaba sin duda con la riqueza ornamental de las iglesias cluniacenses. Especial énfasis puso San Bernardo en lo innecesario de los relieves escultóricos. Las únicas imágenes permitidas en las iglesias eran las de la Virgen, aparte de los modestos crucifijos pintados.Y, sin embargo, aun condenando el lujo y el exceso ornamental, no dejó de impulsar el arte, sobre la base de tres principios básicos: claridad, limpieza y durabilidad. Destacan así en las construcciones, de piedra de buena calidad, la armonía de las proporciones, las bóvedas en las estancias y, más tarde, la crucería gótica.
Claustro del monasterio de Santes Creus,Tarragona (h. 1150).
El monasterio cisterciense
El claustro sigue siendo el centro de la vida monacal, aun con dos variaciones: el refectorio, en dos alturas, con columnas y muy luminoso, se sitúa transversalmente a un lado del claustro, rompiendo a veces la simetría arquitectónica externa; y la zona reservada a los conversos se integra en el claustro, no queda apartada como en los monasterios cluniacenses. La situación perpendicular de los refectorios rompía a menudo la simetría externa de la construcción, imponiendo volúmenes que sobresalían en distinta medida; pero ello no importunaba a los monjes blancos, para quienes la armonía se valoraba desde el claustro.
Junto a la iglesia, amplia y de arquitectura sencilla pero poderosa, se abrían los dormitorios, en la planta alta, alrededor del claustro.Y, en las inmediaciones de la iglesia, la hospedería, la enfermería y todas las edificaciones necesarias para la vida de la comunidad.
Claustro del monasterio de Poblet,Tarragona (h. 1150).
El Císter en España
En España, la introducción de los monjes blancos o cistercienses estuvo íntimamente ligada a la actividad de San Bernardo, conociendo el Císter amplia repercusión en nuestro territorio. Alfonso VII favoreció el establecimiento de la orden, que llegó a tener 56 casas en España. El primer monasterio fue fundado al parecer en 1140, en Fitero (Navarra), si bien las casas que en mayor medida responden a las características cistercienses son las de Poblet (Tarragona), Santa María de la Huerta (Soria) y Santes Creus (Tarragona). Cabe asimismo destacar los monasterios de Moreruela (Zamora), Veruela (Zaragoza), La Espina (Valladolid), Oya (Pontevedra) y Las Huelgas (Burgos). Abundan las abadías cistercienses en Galicia, quizá porque en aquel territorio la representación cluniacense fue menor.
Cabecera de la iglesia del monasterio de Osera, en Orense, fundación cisterciense del siglo XII.
El declinarde la austeridad
San Bernardo murió en 1153, año en el que se fija la relajación de la severidad cisterciense. Las iglesias, con cabeceras antes rectas, se rematan en girolas con numerosos altares y, poco a poco, todas las dependencias van ganando en esbeltez y elegancia.
TEST: ¿Verdadero o falso?
A finales del siglo XI, Roberto De Molesmes (h.1029-1111), abad del monasterio sito en dicha localidad, quiso recuperar el espíritu original, austero y sencillo, de la orden benedictina, para lo cual se retiró junto con otros veintitrés monjes a Citeaux, cerca de Dijon, en Francia, donde fundó una abadía. Esta reforma, que surgió como reacción a la acumulación de riqueza y poder registrada en los monasterios cluniacenses, tuvo importantes consecuencias en el mundo del arte, especialmente en la arquitectura monástica.
La reforma cisterciense
En su afán por devolver la profundidad espiritual al monacato, Roberto de Molesmes renunció al contacto con el mundo y dictó unas normas muy concretas de austeridad, que debían regir la vida de los monjes y que se inspiraban en la más absoluta pobreza. Impuso la obligación del trabajo manual, fundamentalmente agrícola.
Tras la fundación, en 1098, de la abadía de Cîteaux, la orden cisterciense conoció su primera expansión entre los años 1113 y 1115, cuando se fundaron otros cuatro monasterios en Francia: Claraval, La Ferté, Pontigny y Morimond.Si Roberto de Molesmes fue el artífice de la reforma religiosa, Bernardo de Claraval (1090-1153) fue el reformador estético y a quien se debe principalmente el florecimiento del arte cisterciense. Durante los veinte años en que dirigió la orden se fundaron setenta y dos monasterios, todos ellos en lugares inhóspitos, en los valles menos fértiles, pero siempre en hermosos parajes y bajo la dependencia directa de la casa madre de Citeaux, con la que mantenían contacto.
San Bernardo impuso una vida sencilla dentro del monasterio. Todo en su interior era austeridad, desde los hábitos blancos y los crucifijos de madera pintada a los cálices sin labrar y los candelabros de hierro, pasando, por supuesto, por la sencillez de la liturgia.
La arquitectura
La arquitectura reflejaba también en sí misma esas normas de austera vida monacal. San Bernardo convirtió la iglesia en un simple oratorio, sin cripta, sin tribunas, sin torres. Prescindió incluso de las fachadas. Las paredes eran de piedra vista, o enlucidas en blanco, sin pinturas, sin vidrieras.Todo ello contrastaba sin duda con la riqueza ornamental de las iglesias cluniacenses. Especial énfasis puso San Bernardo en lo innecesario de los relieves escultóricos. Las únicas imágenes permitidas en las iglesias eran las de la Virgen, aparte de los modestos crucifijos pintados.Y, sin embargo, aun condenando el lujo y el exceso ornamental, no dejó de impulsar el arte, sobre la base de tres principios básicos: claridad, limpieza y durabilidad. Destacan así en las construcciones, de piedra de buena calidad, la armonía de las proporciones, las bóvedas en las estancias y, más tarde, la crucería gótica.
Claustro del monasterio de Santes Creus,Tarragona (h. 1150).
El monasterio cisterciense
El claustro sigue siendo el centro de la vida monacal, aun con dos variaciones: el refectorio, en dos alturas, con columnas y muy luminoso, se sitúa transversalmente a un lado del claustro, rompiendo a veces la simetría arquitectónica externa; y la zona reservada a los conversos se integra en el claustro, no queda apartada como en los monasterios cluniacenses. La situación perpendicular de los refectorios rompía a menudo la simetría externa de la construcción, imponiendo volúmenes que sobresalían en distinta medida; pero ello no importunaba a los monjes blancos, para quienes la armonía se valoraba desde el claustro.
Junto a la iglesia, amplia y de arquitectura sencilla pero poderosa, se abrían los dormitorios, en la planta alta, alrededor del claustro.Y, en las inmediaciones de la iglesia, la hospedería, la enfermería y todas las edificaciones necesarias para la vida de la comunidad.
Claustro del monasterio de Poblet,Tarragona (h. 1150).
El Císter en España
En España, la introducción de los monjes blancos o cistercienses estuvo íntimamente ligada a la actividad de San Bernardo, conociendo el Císter amplia repercusión en nuestro territorio. Alfonso VII favoreció el establecimiento de la orden, que llegó a tener 56 casas en España. El primer monasterio fue fundado al parecer en 1140, en Fitero (Navarra), si bien las casas que en mayor medida responden a las características cistercienses son las de Poblet (Tarragona), Santa María de la Huerta (Soria) y Santes Creus (Tarragona). Cabe asimismo destacar los monasterios de Moreruela (Zamora), Veruela (Zaragoza), La Espina (Valladolid), Oya (Pontevedra) y Las Huelgas (Burgos). Abundan las abadías cistercienses en Galicia, quizá porque en aquel territorio la representación cluniacense fue menor.
Cabecera de la iglesia del monasterio de Osera, en Orense, fundación cisterciense del siglo XII.
El declinarde la austeridad
San Bernardo murió en 1153, año en el que se fija la relajación de la severidad cisterciense. Las iglesias, con cabeceras antes rectas, se rematan en girolas con numerosos altares y, poco a poco, todas las dependencias van ganando en esbeltez y elegancia.
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