sábado 21 de abril de 2007

Entre los siglos XI y XII se construyeron en las tierras septentrionales del actual Aragón multitud de iglesias, monasterios, ermitas y castillos en un estilo artístico que conocemos con el nombre genérico de románico. Estas construcciones se concentran en la provincia de Huesca, aunque más al sur también se encuentra algún caso aislado, aunque notable, como La Seo de Zaragoza y las iglesias de Daroca.

Interior de la catedral de La Seo en Zaragoza.

En la segunda mitad del siglo XII todavía se construyeron numerosas iglesias en la nueva tierra conquistada (Cinco Villas, Somontano oscense y algunas al sur del Ebro). Buen ejemplo de ello es la de San Esteban de Sos del Rey Católico, superpuesta a la iglesia inferior de Santa María del Perdón, de la segunda mitad del XI. También la iglesia de Santa María de Uncastillo, que consta de nave rectangular, ábside semicircular y torre cuadrada -en la villa hay además otras magníficas iglesias románicas, como San Felices, San Juan, San Lorenzo, San Martín y San Miguel- o la de Santiago de Agüero, proyectada de forma monumental pero en la que únicamente se construyó la parte del crucero y la cabecera, con tres ábsides. Igualmente, conservan restos románicos las iglesias de Daroca, San Miguel y Santa María de los Corporales, todas de la segunda mitad del XII, aunque ampliadas en fechas posteriores.
Hay que destacar asimismo las iglesias de Albero Bajo, Arbaniés, Asín, Biota, Casbas, Castiliscar, Ejea de los Caballeros (Santa María y el Salvador), El Bayo, El Frago, Igriés, Lacasta, Loscorrales, Luna (Santiago y San Gil), Majones, Monflorite, Monzón, Navasa, Pertusa, Piedra, Puebla de Castro, Puilampa y Riglos, magníficas muestras románicas de la segunda mitad del siglo XII.
Resaltan también las ermitas románicas de San Pedro (en Arén), Santa Lucía (Ayerbe), Santiago (Barós), Virgen de Mueras (Bolea), San Miguel (Botaya), Bascués (en Casbas), Virgen de Rivera (Perarrúa), San Babil (Puente la Reina), Santa María (Soriana), y pequeñas iglesias rurales como las de Abay, Aratorés, Aruej, Calvera, Caniás, Guasillo o Javierrelatre, que salpican la geografía septentrional de Aragón y que confieren a sus poblaciones un encanto especial y un ambiente muy evocador.

EL CISTERCIENSE, UN ESTILO AUSTERO Y SENCILLO
El arte cisterciense, que se difunde en la Corona de Aragón desde mediados del siglo XII, cuenta con muestras tan espléndidas como las de Casbas, Piedra, Rueda de Ebro y Veruela.
Capiteles del monasterio de Veruela.

La arquitectura cisterciense es fiel reflejo del ideal de pobreza que irradiaban los "monjes blancos", compañeros de San Bernardo, y que se instalaron alejados de los núcleos urbanos, en parajes solitarios, zonas sin roturar, desde donde sus sencillos monasterios -verdaderas explotaciones agrícolas- ejercieron una notable labor de colonización de las nuevas tierras ganadas al mundo andalusí.
Los conjuntos monásticos cistercienses eran sobrios, austeros, y en ellos primaba el sentido práctico sobre el lujo y la ornamentación. Los "monjes blancos" se instalaron en Piedra, más famoso aún por los encantos naturales del paraje (río, estanques cristalinos, cascadas y grutas de una gran belleza plástica) que por el propio conjunto monástico. Arquitectónicamente destaca el clautro gótico, con arcos apuntados y bóveda ojival.
Desde mediados del siglo XII se instalaron también en Rueda de Ebro, cuyo altar fue consagrado en 1238 tras trece años de trabajo, y sus obras se continuaron con la construcción del claustro, biblioteca y sala capitular; y en Veruela, un conjunto arquitectónico de transición de románico al gótico. En este último destaca su girola con capillas, el claustro, la sala capitular y el refectorio de los monjes. Por último, hay que resaltar el monasterio femenino de Casbas, del que aún se pueden contemplar algunos restos: muralla, torre del homenaje, claustro e iglesia monástica. Construido entre 1173 y 1210, soportó sucesivas remodelaciones.
Pero fue a mediados del siglo XIII cuando irrumpieron nuevos estilos. El gótico, del que tenemos una muestra temprana en la Catedral de Tarazona, consagrada en 1235, y el mudéjar aragonés, que dejaron bellísimas muestras artísticas en los territorios de la Corona.



Catedral de Tarazona.

LA PINTURA.- RICOS MURALES Y BELLAS TABLAS
Es escasa la pintura románica aragonesa, tanto mural como sobre tabla, conservada "in situ", ya que buena parte ha sido "EXPORTADA" a diversos museos, como el de Arte Románico de Cataluña o el Diocesano de Lérida, o permanece en colecciones particulares.
No obstante, aún podemos contemplar las pinturas de la iglesia de San Juan Bautista de Uncastillo y, recientemente restauradas, las de la iglesia baja de San Juan de la Peña o las de la cripta y ábside de la capilla de la enfermería de la ex-catedral de Roda de Isábena (siglo XIII).
Las muestras de pintura mural (al fresco o al temple) pueden verse en los Museos Diocesanos de Jaca, Huesca y Barbastro. La pintura sobre tabla se reduce a siete frontales de altar, la mayoría del siglo XIII, además de un fragmento encontrado en Vío y expuesto en el Museo Diocesano de Barbastro. Los frontales son:
el de Liesa (en el Museo Diocesano de Huesca) ,
los de Betesa, Chía, Estet y Gésera (en el Museo de Arte Románico de Cataluña) y
los de Berbegal y Traserra (en el Diocesano de Lérida).