sábado 21 de abril de 2007

Ruta del Cister
En la Edad Media, los monjes cistercienses comprobaron y apostaron por la belleza de esta tierra. Los monjes blancos encontraron aquí un entorno ideal para la construcción de sus monasterios. Al buscar lo recóndito, elegían los emplazamientos más privilegiados para abastecer sus comunidades y ese lugar lo hallaron en Tarragona. Eran gentes de oración que habían venido al mundo para practicar la fe, y que dejaron constancia de ello en dos puntos de la provincia: el monasterio de Santes Creus y el de Poblet.El primero, rodeado de olivos, almendros y viñas, está situado en la comarca interior de Alp Camp. Además del monasterio, ésta posee otros importantes conjuntos monumentales como el antiguo barrio judío de Valls y la iglesia gótica de Sant Joan.Fundado en 1158, el monasterio de Santes Creus se convirtió en un relevante centro de estudio y colonización, además de un centro cultural de primer orden, con una gran biblioteca y una notable actividad humanística. Su conjunto sigue a la perfección los cánones que regían la vida benedictina. En su interior pueden contemplarse edificios románicos como la sala capitular; otros de transición del románico al gótico, como la iglesia del monasterio; y un tercer grupo de estilo gótico ojival y flamígero, como el primer claustro. No obstante, el monasterio que cumple a rajatabla todos los preceptos dispuestos por los monjes blancos es el de Poblet.El edificio está ubicado en un entorno natural privilegiado y dispone de un conjunto monumental excepcional. Su visita en un viaje a Tarragona es obligada.Los muros trazan en la abadía de Santa María de Poblet un triple recinto al que se accede por sendas puertas. Dentro, el visitante encontrará construcciones de enorme interés como la capilla gótica de Sant Jordi, la de Santa Caterina, el palacio del abad, el palau del Rei Martí, el claustro y la pieza más sobresaliente del monasterio, su iglesia. De tiempos de Alfonso I (1162-1196), está considerada la quintaesencia de la arquitectura cisterciense. Entre románica y gótica, nada enturbia ni molesta el rezo y la meditación al estar excluida de cualquier ornamentación que distrajese, en tiempos, la oración de los monjes. El templo cuenta con tres naves con transepto, dos ábsides, deambulatorio y cinco capillas radiales. Dos enormes arcos rebajados que cubren ambos lados del crucero soportan el Panteón Real.Muy cercana al monasterio está la villa de Montblanc, en donde las murallas y los edificios de los siglos XIV y XV, que salpican el casco urbano, y las calles parecen preparados para representar una obra medieval. Si buscamos la mejor panorámica de Montblanc, lo más apropiados es subir hasta el mirador del Pla de Santa Bárbara, bajo el que se extiende toda la población cuajada de monumentos y sorprendentes rincones como la iglesia arciprestal de Santa María, en cuyo interior guarda un retablo gótico de piedra policromada con la Mare de Deu del Cor, imagen igualmente gótica. El órgano, de 1607, pasa por ser uno de los más opulentos de Cataluña.